sábado, 22 de abril de 2017

Reseña: Allegiant (Veronica Roth)

Aclaración: Esta reseña contiene spoilers. Como se trata del último libro de la trilogía Divergente de Veronica Roth, decidí hacer una reseña diferente. Además de dar mi opinión sobre la novela, también haré una especie de balance de la trilogía. Escribo esta reseña para que la lean los que leyeron la trilogía completa ya que me gustaría saber qué opinan sobre esta serie de libros.

El año pasado leí Divergente e Insurgente, las dos primeras entregas de la trilogía de Roth. Pueden leer la reseña del primer libro aquí y la del segundo, acá. Este año leí Leal y ahora estoy leyendo Cuatro, la precuela. Decidí leer esta trilogía después de terminar con la de Los juegos del hambre. Me gustan las distopías (ya leí la mayoría de las clásicas, como 1984, Un mundo feliz y Fahrenheit 451), así que cuando me entero de alguna distopía que tiene buenas reseñas la leo, más allá de que esté dirigida al público adulto o al juvenil.

Leal empieza donde termina Insurgente. Al enterarse la gente de Chicago de la verdad, se forman dos grupos. uno liderado por Evelyn, que elimina el sistema de las facciones e instala una dictadura, y otro más pequeño, autodenominado los leales, que quiere restaurar las facciones. Dentro de ese grupo hay otro que decide salir de la ciudad para ver que hay en el exterior. Tris, Four, Cara, Caleb, Christina, Uriah y Peter logran escapar de Chicago y se encuentran con Zoe y Amar, quienes trabajan para la Oficina de Bienestar Genético, liderada por David. Allí el grupo se entera de cuál es la realidad: la ciudad de Chicago es la sede de un experimento genético. Aparentemente todo es más tranquilo afuera de Chicago, pero luego, Tris y sus amigos descubrirán que hay un conflicto entre los genéticamente puros (divergentes) y los genéticamente dañados.

Esta novela está narrada en primera persona desde el punto de vista de Tris y de Tobias. Esta alternancia es interesante porque vamos viendo las acciones de una forma más completa a través de dos personajes, además conocemos las opiniones de Tobias. Creo que es un buen recurso que Roth no supo aprovechar. No me gustó que las voces de Tobias y Tris sonaran iguales. A veces, tenía que volver a la primera página del capítulo para ver quien era el narrador porque no me daba cuenta. Cuando se usa este recurso la idea es que el lector se dé cuenta de quién habla. Para lograr este objetivo, el escritor debe trabajar el lenguaje de tal manera que las voces suenen muy distintas.

En esta entrega hay menos acción que en las dos primeras, pero no por eso es menos atrapante el libro. Me gusta cómo, a medida que avanzan los capítulos, se va develando información sobre la gente que vive en el exterior y las funciones de la Oficina de Bienestar Genético. Hay revelaciones en cada capítulo, no podía dejar de leer el libro. Entre esas revelaciones se encuentra la verdad sobre la madre de Tris, que fue una de las cosas que más me impactó.

En este libro hay nuevos personajes, como Amar, Zoe, David, Matthew, George y Nita. De los nuevos personajes me gusta Matthew porque se arriesga mucho para ayudar al grupo de Tris y a los genéticamente dañados. De los personajes ya conocidos me gustó Cara, que antes no había captado mi atención, en esta novela adquiere más protagonismo.

El final me pareció realista, aunque me dio lástima la muerte de Tris. Es injusto que después de haber sobrevivido a tantas cosas, haya muerto por los disparos de un hombre en silla de ruedas. Tris se sacrificó para salvar a un montón de personas, lo que muestra que la parte de Abnegación siempre fue muy fuerte en ella. Estoy acostumbrada a la muerte de personajes principales porque soy lectora de la saga Canción de hielo y fuego y cada vez que te encariñás con un personaje, el autor lo mata, sin embargo, debo reconocer que la muerte de Tris me causó un gran impacto. No me lo esperaba. Me pareció muy valiente que la autora se animara a terminar la saga de esta forma. Estoy segura de que ella sabía que esto no le iba a gustar a sus lectores, pero lo hizo igual. Al fin y al cabo ella es la escritora, puede hacer lo que quiera con sus personajes.

Las comparaciones son odiosas, pero es inevitable comparar la trilogía Divergente con la de Los juegos del hambre. A Los juegos del hambre y En llamas les puse 4 estrellas en Goodreads, mientras que a Sinsajo le di 5 estrellas. Con respecto a Divergente, al primer libro le puse 3 estrellas y a los otros dos, 4 estrellas, con lo cual se puede observar mi preferencia por la trilogía de Suzanne Collins. Si bien ambas trilogías están dirigidas a un público juvenil, creo que Los juegos del hambre es una serie de novelas mucho más profundas, que pueden captar la atención del público adulto, mientras que Divergente es más juvenil, lo cual no quita que puedan leerla los adultos que buscan una lectura liviana para pasar el tiempo. El mayor acierto de Divergente es el cliffhanger del final de Insurgente, ya que fue ahí cuando realmente me enganché con la historia. Con respecto a Los juegos del hambre, todos los capítulos terminan con cliffhangers increíbles, lo que muestra la mayor destreza literaria de Suzanne Collins. Es cierto que ambas trilogías presentan una narración para nada complicada en tiempo presente y en primera persona, pero las oraciones de Divergente son extremadamente simples. Esto muestra cierta pobreza en la narración, pero por otro lado, hace que se pueda leer en inglés aunque uno no tenga un nivel alto de este idioma.

Si leyeron Divergente o ambas trilogías, me gustaría que me contaran sus opiniones. Soy toda oídos 😊.

sábado, 15 de abril de 2017

Reseña: Insurgent (Veronica Roth)

Insurgente es la segunda entrega de la trilogía distópica Divergente (pueden leer mi reseña del primer libro aquí). Leí el libro en inglés el año pasado, pero como no tuve tiempo para escribir la reseña en su momento, ahora que estoy leyendo Leal me puse a escribirla según las notas que tomé mientras leía Insurgente.

Insurgente arranca justo donde termina Divergente. En este libro aprendemos más sobre las facciones Verdad y Cordialidad, de las que se habló poco en el libro anterior, y conocemos lo que yo llamo la sexta facción, es decir, el grupo formado por los que no pertenecen a ninguna facción.

Vi la película antes de leer el libro y me sorprendí al ver que la segunda mitad de la novela es muy diferente a la película. Por ejemplo, Tori aparece poco en la película mientras que en el libro es un personaje secundario importante. Con Jeanine pasa lo contrario: en la película es un personaje de vital importancia.

Al igual que Divergente, esta novela está narrada en primera persona desde el punto de vista de Tris en tiempo presente. Como las oraciones son simples, la lectura es rápida. Esta simplicidad en la narración hace que se pueda leer en inglés, aunque uno no tenga grandes conocimientos de este idioma.

Me gustó más Tris en esta novela que en la anterior. En Divergente no había conectado con ella, pero ahora sí. De todos modos, prefiero a Cuatro. Entre los personajes nuevos se destacan Johanna y Evelyn. La primera me cayó bastante bien, la segunda no tanto. Marcus es un personaje que me sorprende: no sé si es bueno o si es malo. Lo mismo me pasa con Caleb

Me gustó mucho este libro porque tiene mucha acción, no da respiro, no tiene rellenos como en Divergente. En Insurgente somos testigos de una guerra civil que se desata entre las facciones. Como estamos hablando de una guerra, hay muchas muertes de personajes secundarios.

El final es excelente y superabierto, un gran cliffhanger que nos deja pensando en el futuro de todos los que viven en esta Chicago futurista. Cuando leí Divergente me pareció una copia de baja calidad de Los juegos del hambre, pero al leer Insurgente, mi opinión con respecto a la trilogía cambió y me metí de lleno en la historia. Por último, puedo afirmar que Insurgente es un buen libro distópico para adolescentes, que puede llegar a atraer al público adulto que busca algo entretenido y sin muchas pretensiones para pasar el momento. 

sábado, 8 de abril de 2017

Reseña: Los trenes del tiempo (Marcelo Coccino)

Hoy les traigo la reseña de Los trenes del tiempo, un libro de cuentos del escritor local Marcelo Coccino. El libro fue publicado por el autor a través de la Editorial Dunken. Siempre que reseño libros de cuentos, voy tomando notas a medida que leo para después poder brindar mi opinión de cada cuento. A continuación, les dejo el título de cada cuento y lo que pensé mientras lo leía. 

El jardín de los colibríes
Una pareja de ancianos siempre invita a comer a los chicos que viven en su cuadra el día sábado. La casa tiene un jardín, en el que juegan los chicos cuando la pareja de vecinos de va de viaje. Un día, uno de los chicos, el narrador, comienza a sospechar algo. Un cuento muy emotivo, sobre todo el final, que nos hace derramar algunas lágrimas.

La muerte del origen
Un hombre recibe una llamada telefónica a la madrugada donde le comunican una mala noticia. Recién al final del cuento, nos enteramos "quién murió". El final me sorprendió bastante.

El día de la tormenta
Un niño escucha muchas veces una anécdota sobre una tormenta que ocurrió en el pueblo. A medida que crece, duda de su veracidad. De grande, decide investigar si es cierto. Este cuento me hizo recordar mi niñez, cuando vino el papa Juan Pablo II a Rosario y no se hablaba de otra cosa.

La inesperada partida
Un chico se quiebra un brazo y se dedica a jugar al ajedrez. Le gana a todos sus amigos hasta que aparece un chico más grande que lo desafía. Un cuento breve que nos hace recordar nuestra infancia, cuando nos creíamos invencibles.

Rolando
Amílcar es un hombre del pueblo que recibe como herencia el frigorífico de su tío. Y con la herencia, vendrán distintos problemas. Un cuento que relata la furia de los hombres, aquello de "pueblo chico, infierno grande". Me da lástima el final de Rolando (si quieren saber quién es Rolando, lean el cuento).

El sol en el aljibe
Un hombre está separado de su mujer, pero la ama y quiere recuperarla. Urde un plan para saber si ella aún lo ama. Las últimas páginas me sorprendieron, es decir, cuando se lleva a cabo el plan del hombre para recuperar a su mujer.

El postergado protagonista de la final
Una final de fútbol infantil es el eje de este cuento. A los locales no les va como esperaban y culpan al árbitro por el resultado adverso. Este cuento me hizo acordar a los cuentos futboleros de Fontanarrosa. Es uno de los que más me gustó. Muestra como muchas veces los padres de los niños se comportan como fanáticos. El humor sobrevuela el cuento con un final a la altura de la locura de los padres de los niños.

Un caballo entre bicicletas
Un grupo de chicos suele visitar a un hombre del pueblo que de joven trabajó en un circo. A los niños les gusta escuchar sus anécdotas, hasta que un día les cuenta unos relatos relacionados con el diablo. Este cuento nos muestra la fascinación que ejerce este tipo de personajes en los niños, quienes adoran oír historias y las creen a pies juntillas.

El acto fallido
Un discurso político es el eje de esta historia. Un político muy querido en el pueblo y que aspira a ser el próximo presidente comunal pronuncia un gran discurso hasta que algo impensado sucede. Me gustó este cuento porque el desenlace fue impredecible. También tiene bastante humor negro.

El domador
Un domador, hombre de pocas pulgas, es el protagonista de este cuento. No se lleva bien con su jefe. Un día falta al trabajo y el jefe lo despide. El hombre busca venganza, pero los hechos toman otra dirección. Me gustó que el cuento esté narrado en primera persona por el domador, un hombre de campo que tiene una forma característica de hablar que el autor reproduce a la perfección.

El destino precoz
En este cuento nos volvemos a encontrar con Fortunato, el protagonista del cuento Un caballo entre bicicletas. A través de una carta nos cuenta su vida. Fue interesante conocer más acerca de la vida de este personaje.

Los trenes del tiempo
El único gomero del pueblo, preocupado por la poca cantidad de trenes que llegan a la localidad, idea un plan para frenar el deterioro del pueblo La Estación. Me gustó su idea, es muy ingeniosa.

Todos los cuentos del libro transcurren en La Estación, un pequeño pueblo ficticio, que (sobre)vive gracias al paso del tren. Esto sirve de hilo conductor del libro. Me pareció un buen criterio para decidir qué cuentos incluir en el libro y cuáles no. 

Este libro me hizo retroceder en el tiempo. Me hizo volver a mi infancia, cuando viajar en tren era algo muy común. Si bien yo nunca viajé en tren, recuerdo haber ido a despedir a parientes a la estación Rosario Oeste, que se encuentra a unas cuadras de mi casa. Además, solía salir a caminar con mi papá por el barrio y, a veces, íbamos a la estación a ver cómo llegaban y partían los trenes. Nos gustaba ver el movimiento de la gente, ver si encontrábamos algún conocido entre los pasajeros. También caminábamos por la zona del viaducto del bulevar Avellaneda y mirábamos pasar los trenes cargueros.

Los cuentos que más me gustaron fueron los siguientes:
  • El jardín de los colibríes, por la emoción que transmite
  • El postergado protagonista de la final, porque me resultó muy divertido y me hizo acordar a Fontanarrosa
  • El acto fallido, por el humor negro que me divirtió bastante
  • El domador, por el lenguaje que utilizó el autor al escribirlo
  • Los trenes del tiempo, porque a través de la irrealidad de este relato, se cuenta la realidad de muchos pueblos dependientes del ferrocarril que durante la década del noventa vieron cómo se modificaba su estilo de vida al disminuir el paso de los trenes
La prosa de Marcelo Coccino es muy elegante y la narración fluye naturalmente. Los cuentos se disfrutan mucho porque tienen buenos finales, la mayoría muy sorprendentes. También se disfruta la nostalgia de un pasado no muy lejano que flota entre las páginas del libro. Recomiendo Los trenes del tiempo a las personas a las que les gustan los relatos, como así también a los amantes de los trenes y quienes vivieron o viven en localidades pequeñas, ya que siento que se van a sentir muy identificados.

sábado, 1 de abril de 2017

Entrevista a Pablo Melicchio

Hoy les traigo una entrevista que le hice al escritor Pablo Melicchio, autor de la novela QuiniFreud (pueden leer mi reseña aquí).

Pablo Melicchio

¿Cómo empezaste a escribir?

Asocio el inicio de la escritura con la angustia y el autoconocimiento. Desde muy chico llevaba un diario íntimo, como un cuaderno de reflexiones y de repaso de mi cotidianeidad: aciertos y desencuentros con chicas, situaciones con amigos y con mis padres, planteos y preguntas filosóficas de aquellos tiempos. Recuerdo que cuando tenía 12 años y murió mi abuelo materno, la escritura fue mi forma de liberar la angustia interior, de recorrer su vida y su muerte, supongo que para tratar de entender lo inentendible, mi propia existencia. Quizá esa siga siendo la función de la escritura para mí: una forma de diálogo conmigo mismo, un intento desesperado de comprensión del vasto universo y de mi pequeño mundo, es decir una búsqueda constante.

¿Cuáles son tus escritores preferidos?

No tengo un autor preferido, son varios y los leo dependiendo del estado anímico por el que esté transitando. Sabato y Borges fueron mis primeras lecturas. Con Sabato tuve el placer de encontrarme en la librería La Ciudad, sostener un diálogo que, entiendo hoy, fue determinante para animarme a ser escritor. Entonces siempre vuelvo a Sabato y a Borges. Me gusta mucho Abelardo Castillo, Arlt y Kordon. Escritores orientales, por sobre todo , pero también Kawabata, Mishima y Murakami. Me interesa Coetzee y algo de Paul Auster. Me encantan Mario Levrero y José Saramago. En poesía, Juarroz y Gelman. Pessoa está entre mis preferidos. Y en psicoanálisis siempre regreso a Freud, que además de revolucionar el campo de la psicología fue un gran lector y escritor

¿Asististe a algún taller literario para desarrollar tus habilidades literarias?

No, nunca fui a ningún taller literario. Lo que escribo es producto de lo que aprendí a leer.

¿Cómo nace la novela QuiniFreud?

La novela Quinifreud tiene dos puntos de partida. Uno, como consecuencia de un paciente que vino a consultarme y el despliegue de su discurso delirante, por cierto bien sistematizado, creíble, acerca de este mundo al que había que salvar porque estaba siendo “tomado por la oscuridad”, me dejó pensando, y eso inspiró una línea del desarrollo del libro y las características de uno de los personajes centrales de la novela, que es Ángel Zamudio. Y, por el otro lado, unos chistes que hicimos con mi padre algún que otro domingo, interpretando los sueños que nos contábamos con los números de la quiniela, para luego ir a jugarlos. Entonces el personaje principal, el psicólogo Salvador Cabulli, va desarrollando la teoría secreta del Quinifreud, que no es más que ese juego que hacíamos con mi padre, pero que él lo toma muy en serio, creyendo que será una revolución en el campo de la psicología. Mientras que en otros capítulos, Ángel Zamudio, el extraño paciente, retiene al psicólogo en el consultorio para intentar sumarlo a la Hermandad de la luz para salvar al mundo. Luego todo se unificará, que es la conclusión de la novela.

En la novela QuiniFreud se mezclan tus dos pasiones, la psicología y la literatura. ¿Escribiste otros textos donde también uniste estas dos pasiones?

Sí. Todos mis libros conllevan algo de lo vivido, experimentado en lo real o fantaseado, y la profesión ocupa mucho espacio en mi vida cotidiana y en mi historia personal. “Letra en la sombra”, que es mi primera novela publicada, es el resultado de mi pasaje como psicólogo por instituciones carcelarias donde atendí adolescentes presos,y sucedió que me tocó atender a Mariano, un muchacho muy particular que robaba libros para poder sobrevivir. En él, y en la atmósfera vivida en la cárcel mientras trabajaba, me inspiré para escribir esa novela. Luego publiqué “Crónica de los hombres que buscan un lugar”, libro en el que relato mi experiencia dictando un taller literario reflexivo dirigido a hombres en situación de calle en el Parador Retiro. Después salió a la luz “Las voces de abajo”, novela en la que construyo una ficción, inspirada en una institución en la que trabajé como psicólogo durante varios años, donde concurrían muchachos con capacidades diferentes. Chiche, que es el personaje principal, y que se parece bastante a unos de los muchachos internados allí, es el encargado de la granja y se conecta y dialoga con cuatro desaparecidos enterrados y ocultados allí desde la época del proceso. Mientras Chiche busca que creen en él, en que es verdad que escucha a las voces de abajo ocultadas bajo la granja, en el curso de la novela se van articulando las particularidades de la discapacidad con la de los desaparecidos. Le sigue el libro “GPS para orientarnos por el mundo adolescente” en el que efectivamente todo el desarrollo del libro tiene que ver con mi experiencia como psicólogo especialista en adolescentes. Y ,finalmente, “La mujer pájaro y una modesta eternidad”, novela en la que, vía lo vivido, lo escuchado y trabajado en los psicoanálisis que dirijo y por los que transité como paciente, construyo una novela que habla de las crisis de las etapas de la vida, del paso del tiempo y del amor, pero con el agregado de un personaje “fantástico”, entre psicóloga y budista, que es la mujer pájaro, que va orientado a Rafael, el protagoniza central, en cómo manejarse con las dos mujeres, también protagonistas de la novela, una más joven, alumna de él, y la otra diez años mayor, que fue su primer amor y que retorna luego de diez años y ese suceso da origen al conflicto de la novela. Y a su vez, la mujer alada le va dando señales a Rafael acerca de la existencia de otro mundo, mejor, más espiritual, sin tantas divisiones y padecimientos como este mundo tan terrenal.

¿Qué cosas te inspiran a la hora de escribir?

Me inspiro en sucesos de la vida cotidiana, en los recuerdos, en los sueños, en el fantaseo. Lo que observo. Lo que la gente hace y dice. Suelo escribir mucho en los bares, que son una gran fuente de inspiración, microclima ideal, muestra de lo que es el ser humano, tanto lo que acontece dentro (lo que come, dice, hace, gesticula) como el desfile incesante de la diversidad humana por fuera, en la calle. Los observo, les invento historias, me reinvento a mí mismo. Y el consultorio es también un disparador exquisito de textos, no de la vida de los pacientes pero sí puedo tomar alguna frase, gesto, idea, o algo que yo haya dicho en ese contexto puntual. En la terapia uno se sumerge tanto en las profundidades, que se suelen regresar con tesoros únicos.

¿Qué consejos le darías a alguien que está dando sus primeros pasos como escritor?

No dejar de leer. Mucho culo silla, decía García Márquez. Que no tema. Que lo importante es escribir, más allá de los resultados esperados socialmente: publicaciones, reconocimientos, premios, etc... Que la escritura en sí misma sana, es una forma de repensarnos, de profundizar en nuestras oscuridades.

¿Cuál es tu próximo proyecto literario?

Un libro que se llamará “El arte nos puede salvar”, que sale en simultáneo en nuestro país y en Francia. Es una versión ampliada y corregida del libro en el que narro la experiencia, y los efectos terapéuticos, del dictado del taller literario reflexivo a los hombres en situación de calle en el Parador Retiro. Y además incluyo unos capítulos en los que abordo a algunos escritores que a través del arte se sanaron, transitaron sus duelos o dolores, se pensaron, como Lewis, Didion, Oé, Gelman, Isabel Allende, Jacobo Fijman, entre otros. Un libro en el que desarrollo la idea de que el arte es una forma efectiva de diálogo con uno mismo y por lo tanto de comprensión y de sanación de lo no resuelto. Que la escritura y lectura interior u oral y compartida y reflexionada, abre caminos inusitados y es una forma de elaboración de los conflictos, de estimulación de la memoria, de entendernos y de entender a los otros y por lo tanto de restaurar una subjetividad dañada por la vida misma y por esta sociedad que no quiere seres pensantes, originales, y que sólo avala las copias, los hombres iguales entre sí, consumidores que se consumen. La literatura, el arte en su extensión, es revolucionario, es una forma de ver la vida desde otro lugar. De eso y un poco más tratará mi próximo libro.